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El gran encuentro familiar

Una historia John Deere para niños

El gran encuentro familiar

De un cuento de Lois Hobbs, J.R. Hobbs y Kris Carr.
Ilustrado por Roy A. Bostrom

Traducido del alemán por Silvia Armando

Copyright © Deere & Company, 1999 Moline, Illinois


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El gran encuentro familiar

En un viejo granero de la chacra de los Foster, estaban colocados en hilera una gran cantidad de viejos tractores que desde hacía tiempo, mucho tiempo, ya no se usaban más.

Aunque el granero era seco y cálido, había polvo sobre ellos y algunas telarañas que los decoraban.

La chacra de los Foster


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El gran encuentro familiar

Mauro, el viejo tractor “Triunfo” de Marcos Juárez

Los tractores eran muy amigos entre sí. Cuando ellos estaban solos hablaban tal como lo hace la gente.

Mauro, el viejo tractor “Triunfo” de Marcos Juárez normalmente empezaba la conversación. Él chocheaba divertido sobre los “viejos tiempos” en la chacra de los Foster.


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El gran encuentro familiar

“Yo fui el primer tractor que usó el abuelo Foster”, acostumbraba a decir Mauro orgullosamente. “Cuando él me trajo aquí en 1953, era un muchacho joven. Al poco tiempo el abuelo Foster me puso a trabajar. Yo debía llevar la trilladora al campo de avena para que marchara.”

Mauro cuenta sus viejas historias a sus amigos

“Él y yo pasamos una gran cantidad de calurosos días de verano con la trilladora de avena.
Él necesitaba mucha avena para sus caballos. Los vecinos venían a menudo para vernos trabajar. Luego le preguntaban al abuelo Foster si yo también podía ayudarles en el trabajo de sus campos. Yo me ponía contento por eso.”


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El gran encuentro familiar

Diego, el tractor modelo “D” estaba al lado de Mauro. Él era pequeño y fuerte, con grandes ruedas amarillas y llantas de hierro. Tenía un asiento de acero y hermosos guardabarros. Él se vanagloriaba de las grandes superficies que podía arar en un día.

Diego, el tractor modelo “D” cuenta sus historias

“Un día, allá por 1960, el abuelo Foster pasó a buscarme con los primeros rayos de sol. A la tarde habíamos terminado; habíamos arado 6 Ha!!! Recuerdo cómo a menudo me llevaba a la feria. Allá participé de una competencia de arados. Yo gané muchos trofeos para él. Los tiene a todos exhibidos en la gran casa en un lugar muy especial”, contaba Diego a todos.


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Aldo, un tractor modelo “A

Enfrente estaba un tractor modelo “A”. Su nombre era Aldo. Era elegante y bien arreglado. El abuelo Foster dejó que su hijo Bernardo manejara a Aldo, y le ayudara en los cultivos.
“Bernardo era aún un adolescente cuando por primera vez me manejó” dijo Aldo sonriendo cuando recordaba los tiempos idos. “Nosotros cultivamos cereales, porotos para el campo.

Aldo cuenta que Bernardo era un muy buen tractorista

Nunca tuvo que parar por mí; sólo lo hacíamos cuando él necesitaba un descanso. Los caballos andaban por la pradera y relinchaban cuando pasábamos por delante de ellos. Yo pienso que eran realmente felices pues no tenían que trabajar con ese calor tan fuerte. Bernardo era también un muy buen tractorista. Él me dejaba siempre limpio, aceitado y cada noche me guardaba en el granero.”


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En el otro rincón había un pequeño tractor modelo “M”. Él no conocía su nombre por eso lo llamábamos “Manuel”. Era pequeño, pero podía hacer muchas cosas. Por eso nunca nadie se había burlado de que fuera tan pequeño.

Cuando los otros tractores le preguntaban qué había hecho él por el abuelo Foster y Bernardo, les contestaba con su vocecita orgullosa y suave: “Bien, yo he segado el heno y el pasto de la calle, he sacado al costado del camino mucha nieve y la suciedad con la pala cargadora, cuidé el jardín y cultivé maíz para el abuelo Foster. Una vez Bernardo me llevó a una carrera de tractores con otros de mi tamaño y yo los dejé a todos atrás!”

“Manuel”, el pequeño tractor modelo “M”


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El gran encuentro familiar

Y así transcurrieron muchos años. Cuando un día se abrió el portón del granero y entró un gran rayo de sol. Un pequeño muchacho y un anciano entraron al granero. El pequeño preguntó: “Abuelo, ¿qué hay en el granero?”

El abuelo Foster echó una mirada a los viejos tractores, recordó cuánto trabajó con ellos cuando todavía era un hombre joven.

“¿Usaste realmente todos estos viejos tractores?” preguntó el pequeño.

“Naturalmente, Tadeo. Durante mucho tiempo tu padre y yo hemos trabajado el campo con estas máquinas. Era una tarea dura, pero ellos hicieron bien su trabajo. Cuando recibimos los nuevos tractores, guardamos aquí los viejos, para conservarlos y protegerlos.”

El  abuelo Foster con su nieto Tadeo

“Abuelo, ¿alguna vez volveremos a usarlos?” preguntó Tadeo.

“Seguro!!! Tu padre y yo llevaremos a estos viejos tractores a Marcos Juárez, en Córdoba, para exhibirlos. Allá se llevará a cabo un encuentro familiar para viejos tractores... pero primero debemos limpiarles el polvo”, dijo el abuelo Foster a Tadeo.

“Los tractores seguramente serán limpiados” dijo Tadeo.
El abuelo Foster respondió: "Vos me podés ayudar, y si tu padre está de acuerdo podés venir con nosotros a la exposición”.


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El gran encuentro familiar

Los Foster limpiaron los tractores

El abuelo, Tadeo y su padre regresaron al granero con una gran cantidad de baldes, jabón, agua, pintura y pinceles. Limpiaron los tractores y usaron según necesitaban, los colores verde y amarillo. Los viejos tractores comenzaron a brillar y a centellear. Empezaron a contemplarse con orgullo cuando vieron cómo lucía cada uno de ellos.


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El gran encuentro familiar

Cuando todos los tractores estuvieron listos, Bernardo Foster buscó el camión remolque y comenzó a cargar cuidadosamente cada tractor. Los viejos tractores saludaban a los nuevos despidiéndose.

“Adiós!!” vociferaban. “Nos vamos a Marcos Juárez! Viajamos para un encuentro de familia!”

Bernardo Foster cargó cuidadosamente cada tractor


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El gran encuentro familiar

En Marcos Juárez vieron asombrados los viejos tractores. Había muchos tractores que tenían el mismo aspecto de ellos. Los hombres vendían repuestos, juguetes y muchas cosas interesantes. Era como una exposición agrícola y fiesta popular.

Era como una exposición agrícola y fiesta popular

Los tractores del abuelo Foster llamaban la atención porque estaban muy cuidados y en muy buen estado. Se sentían muy orgullosos cuando la gente pasaba por delante de ellos y gritaban “Hey, miren este magnífico 730”.

Luego de un par de días agitados llegó el momento de regresar a casa.
El encuentro familiar había terminado.


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El gran encuentro familiar

Los tractores vuelven a la granja de los Foster

Durante todo el trayecto de regreso, los tractores comentaban sobre los maravillosos días que habían vivido.
“¿Uds. creen que alguna otra vez volveremos a viajar a un encuentro así?” preguntó Manuel.

Mauro, el más viejo dijo: “Si, quizá volvamos otra vez allí. Es algo que nos alegraría”

Aldo, el modelo “A” dijo: “Yo apenas puedo contenerme, de contar a nuestros amigos lo vivido: ¿Piensan que nos van a creer?” Diego, el viejo modelo “D” dijo: “seguro que nos van a creer. Sino, los obligaremos a creernos”; se vanaglorió. Él estaba siempre tan orgulloso, que por eso hablaba así tan rudo. Todos se rieron de él y luego quedaron más tranquilos el resto del viaje de regreso.

Otra vez el viejo granero estaba en total tranquilidad. Los tractores estaban en sus lugares de siempre. El polvo empezó lentamente a cubrirlos de nuevo. Los viejos tractores habían contado a sus amigos sobre el encuentro familiar. Todos hicieron su propio análisis sobre los viejos tiempos, los nuevos tiempos y las cosas que ellos habían hecho.

Estaban muy satisfechos ahora que podían, cómodos y secos, pasar el atardecer de sus vidas en el viejo granero de la granja de los Foster.

Los amigos tractores descansan en el viejo granero de la granja

FIN


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